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El recién ordenado sacerdote, Marcos Argüelles Montes, ofició su primera misa en la parroquia que le vio crecer, San Pedro de Pola de Siero

Publicado el 30/05/2021
El tapin El recién ordenado sacerdote, Marcos Argüelles Montes, ofició su primera misa en la parroquia que le vio crecer, San Pedro de Pola de Siero

El poleso, Marcos Argüelles Montes, fue este mes ordenado sacerdote por el arzobispo, Jesús Sanz Montes, en la catedral de Oviedo, y ofició su primera misa en su parroquia natal, San Pedro en Pola de Siero, el domingo 30 de mayo.

El sacerdote estuvo acompañado por nutrido grupo de compañeros, además de feligreses que llenaron el aforo permitido del templo. Al inicio de la celebración el párroco de Pola, Fermín Riaño, dedicó unas palabras a Argüelles, donde le dio la bienvenida al Ministerio Sacerdotal y le deseó todo lo mejor en el camino que emprende. El encargado de realizar la homilía fue el rector del Seminario que fue párroco en Pola, Sergio Martínez. Argüelles dio la acción de gracias al acabar la misa, donde dio gracias a Dios por haber llegado hasta ese momento, además dio las gracias a la parroquia y a la gente con la que coincidió en ella.

Argüelles tiene 28 años y es vecino de Pola de Siero, “afrontó mi primera misa con ilusión y algo nervioso, ya que esta parroquia fue la que me vio nacer, ya que me bauticé aquí, hice la comunión y me confirmé, además conozco a mucha gente y esto también impone. Con esto del covid no podrá venir toda la gente que quisiera, pero es también reconfortante que estén aquí acompañándome. Nos ha tocado vivir una pandemia, es lo que toca y hay que ir adelante con ello”, afirmó.

El sacerdote comentó que todavía no conoce su destino, ya que asegura que no recibió por ahora la llamada del arzobispo, “es muy probable que me envié a una zona rural, ya que son zonas alejas de Oviedo y los que somos más jóvenes tenemos más fuerzas para llegar, pero de momento no lo sé” afirmó.

El poleso confesó que desde pequeño ya se inclinaba por la opción de ser cura, pero se lo confirmó la vida en la parroquia, “empecé a colaborar en la catequesis, en el campamento parroquial y me fui involucrando en la vida de la comunidad, que hay mucha, y gracias a esto fui preguntándome si Dios querría para mí que fuera cura, al Seminario entre a probar y aquí estoy. En el Seminario como en todos los lugares de la vida hay momentos duros y otros felices, y me quedó con todos los duros también porque te ayudaron a aprender, pero estos 7 años, seis de seminarista y uno de Diácono, la verdad es que estoy muy contento con ellos y no los cambiaría para nada”, afirmó.