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Pregón de José Antonio Coppen en la Semana Santa de Lugones

Publicado el 29/03/2015
El tapin Pregón de José Antonio Coppen  en la Semana Santa de Lugones

       Agradeciendo sinceramente la invitación para pronunciar el Pregón de la presente Semana Santa, me encomiendo al Espíritu Santo para que me ilumine a la hora de ejercer tal honor ante la representación del pueblo que me vio nacer, donde desarrollé mi vida familiar y profesional; y desde donde, en la medida de mis posibilidades, expresé mis opiniones como ciudadano comprometido en causas que consideré de interés para el bien común de quienes residen o, en la distancia, se sienten vinculados a este nuestra comunidad multicultural. En ella conviven gentes de los 78 concejos de Asturias, de las 17 comunidades de España y de 52 países de los cinco continentes. Por otra parte, su frialdad es notoria, a lo que sin duda contribuye también su ubicación entres dos ríos: El Nora y el de Noreña.

       En este sentido, comenzaré esta breve reflexión citando al señor cura párroco don Joaquín, guía espiritual y animador socio-cultural de esta Villa, eficazmente apoyado en su labor pastoral por sus más directos colaboradores. Asimismo, considero de justicia hacer mención expresa del loable compromiso asumido por las esforzadas costaleras y costaleros que, a las órdenes de su capataz, Raúl Milán, cargan sobre sí, literalmente, el peso de la procesión; sin duda uno de los actos más genuinos y expresivos de la puesta en escena de la Pasión y que, amén de fervor, suponemos requerirá de una dieta especial….

       Ciertamente, desde la incorporación de don Joaquín Manuel Serrano a nuestra comunidad religiosa, en Noviembre del 2008, por lo que pronto cumplirá 7 años entre nosotros, la programación de actividades ha cobrado en la parroquia un especial relieve, incrementándose notablemente la promoción mediática del pueblo. Buen ejemplo de ello es, precisamente, la programación de la Semana Santa, cuya organización corre a cargo, desde el pasado año, de la Cofradía de la Piedad y de la Virgen de la Soledad, de carácter mixto, que preside don Joaquín, siendo Rosa la eficiente Vicepresidenta. No en balde, este pregonero suele decir que, además de diligente párroco de nuestra comunidad, don Joaquín ha sido revelándose a lo largo del tiempo como un excelente gestor. ¡Vamos, que haría buen papel como alcalde en cualquier concejo asturiano!

       Perteneciente al Arciprestazgo de Llanera, la parroquia de San Félix de Lugones forma parte integrante del total de las 934 que componen la Archidiócesis de Asturias, y es una de las 28 del concejo de Siero. Oportuno será también recordar que, pese a que la dedicación a San Félix no sea una titularidad muy común, curiosamente otras dos parroquias sierenses –la de Valdesoto y la de Hevia-, comparten con nosotros dicha advocación.

       Referente a su significación histórica, conviene recordar que la Iglesia de Lugones aparece ya citada en el Libro de los Testamentos de la Catedral de Oviedo. Así, sin entrar en muchos detalles, por el citado registro documental sabemos que el 8 de Agosto del 921 tiene lugar las disposiciones testamentarias de Ordoño II; y que, entre las numerosas posesiones que cede a la Sede de San Salvador, figura la IGLESIA DE SAN FELIX DE LUGONES. De modo que, aunque su existencia bien pudiera ser anterior a la fecha indicada, ésta viene a ser, oficialmente, su partida de nacimiento. Posteriormente, Ramiro II confirmará las donaciones de sus antecesores.

       En cuanto al templo en el que nos encontramos, cabe precisar que el próximo mes de Junio cumplirá 75 años; puesto que el anterior edificio –seguramente románico, y quizás contando con algún vestigio de la fábrica prerrománica referenciada en el Libro de los Testamentos- fue destruido en el transcurso de la Guerra Civil de 1936. Las obras de la nueva iglesia parroquial darían comienzo al poco de acabar la contienda, siendo consagrada el 23 de Junio de 1940, cuando se celebró su bendición solemne a cargo del Señor Obispo, D. Manuel Arce Ochotorena, y ejerciendo su ministerio como cura párroco D. Leandro VigilMiyar. Señalar, por último, que el nuevo edificio tiene mayores dimensiones, al ocupar parte del espacio del pequeño cementerio anexo.

               Tras los largos días de un invierno que parece no querer batirse en retirada llegó, como llega cada año, la Primavera; y con ella la luz del sol y el florecer de las verdes praderas. Como también llegó el momento de la Semana Santa, un tiempo de meditación, abierto a la sentida y serena reflexión sobre el sentido de la vida y los valores de nuestra fe.

       Para algunos, la Semana Santa es sinónimo de periodo vacacional, para emprender una escapada estacional centrada en actividades de ocio y tiempo libre. Son los mismos que llaman a la Navidad “vacaciones de invierno”. Otros hay, también, que consideran la Semana Santa como una simple fiesta de Primavera. Allá cada cual, pues debemos respetar sus planteamientos al respecto, como ellos han de respetar a los que la viven intensamente en un plano espiritual. Ciertamente, son muchas las personas que viven con intensidad la Pascua, experimentando sensaciones y emociones que trascienden lo puramente material. Y ésta puede decirse que es la esencia de la Semana Santa y el sentir de sus cofrades, centrados en el momento de conmemorar la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios.

     También éste es, cómo no, un tiempo de nostalgia, de oración, de recuerdos; pero, para muchos, será también de vivencias. Vivencias humanas que giran alrededor de Cristo, de su Madre, de nuestra parroquia. Vivencias que se van fraguando desde la infancia, que uno siente como algo propio, personal, y que se clavan en lo más profundo del niño hoy convertido en pregonero; que, seguramente incapaz de comprender en toda su profundidad lo que entonces se conmemoraba, siempre contó con el ejemplo de sus padres, que hicieron germinar en él la semilla que el futuro hizo fructificar como fruto granado. No puedo dejar de recordar en este preciso momento el día de mi primera comunión y el chocolate con churros al que fuimos invitados todos los niños en el pórtico de la Iglesia; de aquella no tenían lugar las grandes celebraciones en restaurantes más o menos de lujo. El pórtico de la iglesia fue utilizado por los niños de la zona como un minipolideportivo. Allí se jugaba a la pelota y otras actividades varias, como la de fumar. Algunas tardes desquiciábamos a don Jesús, el cura párroco, que no le dejábamos dormir la siesta y desaparecíamos a gran velocidad cuando salía doña Aurelia, el ama, que se decía antes, a llamarnos la atención de manera enérgica. Recuerdo cuando un día alguien le había soplado a mi abuelo materno, Sabino, y nos sorprendió jugando a las cartas, y no me libre de algún que otro reglazo en las piernas, eso sí, camino de regreso a casa. Mi abuelo tenia aversión al juego, era consciente del daño que hacía a muchas familias. La experiencia de los dramas del juego se tenía muy cerca, aquí al lado, en Llanera, concretamente en Villabona, que se practicaba en la clandestinidad; y era conocedor mi abuelo que en algunos casos vecinos de la zona habían perdido la casería en el juego.

       De esa semilla acabará brotando la capacidad para separar convenientemente el trigo de la paja. Así, en la biblioteca de nuestros recuerdos, destacan ostensiblemente los positivos, los alegres, los placenteros; dejando en un segundo plano las vivencias amargas, las experiencias negativas y, en definitiva, todas aquéllas que no aporten energía vivificante. Acostarse con la esperanza de que el nuevo día alumbre nuevas ilusiones, puede ser la mejor manera de disfrutar y apurar hasta la última gota ese rico néctar que es la vida. Beber la vida es todo lo contrario al tedio, al vacío espiritual, a dejarse caer en el estéril e insustancial estado que nos convierte en seres mustios y marchitos. A tal efecto, conviene recordar que el árbol, como metáfora de la vida, no es sólo tronco, también son ramas y hojas, sin las cuales no podría permanecer en pié. De sus ramas brotan las inquietudes y de sus hojas las ilusiones.

       Y recordando un mensaje reciente del Papa Francisco, que es –como ya hemos escrito alguna vez- el pontífice con los pies en la tierra-

                         “VIVIR Y DEJAR VIVIR ES EL PRIMER PASO PARA LA PAZ Y LA FELICIDAD”

Lugones, 28/3/15