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Tiempo de transformación

Publicado el 07/05/2020

El Teatro del Norte cumple 35 años. Pocos grupos tienen la suerte, o la desgracia, de estar tantos años en activo. En este tiempo han pasado cinco generaciones de actores y hemos vivido de todo: éxitos, fracasos, alegrías, tristezas, muertes, accidentes y enfermedades. Hemos actuado, además de aquí en España, en diversas partes del mundo, incluso en África. Pero lo que nunca habíamos vivido era una pandemia y un confinamiento. Y tres meses de confinamiento, en soledad, dan para reflexionar sobre ti mismo y sobre la profesión a la que te dedicas.

El escritor Ricardo Menéndez Salmón decía el pasado 3 de Mayo en “La Nueva España”. “La razón política y lo razonable en cultura no son raíces del mismo árbol. La política es muy pacata a la hora de otorgar centralidad a la cultura. Mientras los motivos “racionales” para alimentar la cultura pasen por satisfacer estándares económicos, la cosa marchará mal. Porque lo que la cultura devuelve a la sociedad no se puede medir con parámetros de ese tipo. A la cultura hay que dotarla de  recursos sin esperar que nos devuelva por necesidad beneficios económicos”

Sin tenerlo presente Salmón hablaba, y mucho, de lo que ha ocurrido en Asturias en estos últimos años. Aquí se comenzó quitando el Asturias Cultural, plan que permitía llevar la cultura a los municipios más pequeños. Después se suprimieron las ayudas a Festivales y Muestras de Teatro (Eventos históricos que, excepto el de Lugones, ya existían antes de la constitución del Gobierno Autonómico), y, finalmente, en la legislatura anterior, se intenta quitar las ayudas a la creación y se desmonta el Circuito de Teatro. La Consejería de cultura se quedó sola sin tener relación alguna con la realidad teatral.

Por eso, tras 35 años de lucha constante por la supervivencia, uno se pregunta: ¿mereció la pena remar sin parar para estar siempre en la orilla? ¿Nuestro trabajo tiene algún valor para la sociedad asturiana?

Basta con observar el entorno para ver otras realidades y compromisos mucho más favorables. Para la Mostra de Teatro de Cangas do Morrazo (Pontevedra) el Gobierno de Galicia se ha comprometido a apoyar el evento con la condición de que tienen que programar teatro gallego.

¿Alguien se imagina lo mismo en Asturias? ¿Podría actuar el Gobierno de Asturias del mismo modo cuando la Consejería de Cultura está enfrentada a los Ayuntamientos y al teatro profesional de la comunidad autónoma? ¿A quién se lo iba a ordenar? No, la Consejería de Cultura es un ente abstracto que ni está, ni se la espera. Por más que hace algunos días, en el mismo diario La Nueva España, el Director Regional de cultura indicase que el teatro estaba muy bien organizado. ¿Era un halago? ¿Era un peligro, una amenaza?

No podemos olvidar que lo poco conseguido en los últimos días, a favor del teatro, con las medidas aprobadas en el Consejo de Ministros – aunque se cuelgue las medallas ese desconocido Ministro de Cultura – ha sido por el empuje y la lucha de uno profesionales absolutamente comprometidos con su trabajo y con la sociedad en la que lo desarrollan.

Cuando todo esto pase no podemos volver a donde estábamos, tenemos que generar un mundo nuevo, un teatro diferente que nada tenga que ver con el precario universo teatral, creado en los ochenta, donde nos movíamos hasta ahora.

No tiene ningún sentido que sigamos siendo empresas cuando en los países vecinos - Portugal y Francia - el teatro no es empresa, sino Sociedades Culturales sin ánimo de lucro. No tiene razón alguna que los espacios teatrales asturianos – la gran mayoría construidos o reformados con la ayuda de la Consejería de Cultura – sean espacios vacíos, muertos, e insignificantes. Cada uno de esos espacios son una oportunidad para el arte y deberían tener una compañía residente que, con espíritu de servicio público, acerque el teatro a todos los ciudadanos, grandes y pequeños. No tiene sentido que Asturias no pueda disfrutar de un teatro profesional de verdad, mantenido por nuestras instituciones, como hay en otras autonomías y en casi todos los países europeos. Un teatro donde trabajen dignamente los alumnos que salen de la Escuela Superior de Arte Dramático sin necesidad de irse a Madrid a buscar una oportunidad que muchas veces no pasa de la hostelería. Un teatro que hable de nosotros, de los asturianos, de nuestros anhelos y de nuestras tristezas. Un espejo donde podamos mirarnos como pueblo. Revisando estos 35 años de vida teatral y autonómica a uno le asaltan infinidad de preguntas. Pero quizás una de ellas es clave para hacia el futuro, ¿Cuántos Consejeros de Cultura, o de otros asuntos, han asistido alguna vez a nuestros espectáculos? Tendremos que darle la razón de Lluis Pascual cuando hace unos días, en una carta al Ministro de Cultura, decía que no nos querían.

Si toda esta pandemia y lo que va a venir detrás no se convierte en un tiempo de transformación, como dice Eugenio Barba, ¿de qué ha servido toda esta muerte, toda esta tragedia, todo este sufrimiento? No podemos resignarnos a volver a lo de siempre a seguir tirando sin aliento, a vivir en las penurias y calamidades que ya conocemos.

Treinta y cinco años. Treinta cinco años ya, instalados en esta penuria, actuando contra viento y marea, dejándonos la piel y la vida por sobrevivir. Así es imposible seguir otros 35 años más. Por eso, ahora, es el momento de actuar, de generar un cambio profundo, ilusionante y sanador. Pero ese cambio no lo puede hacer el teatro solo, precisa de la generosidad de nuestra clase política y de un apoyo real de nuestra administración local y autonómica. Impulsemos un nuevo teatro cuyas bases fundemos juntos, con sentido común, con orgullo, con respeto y con lucha, para que Asturias tenga en el teatro profesional un elemento esencial de su futuro y de eso que denominamos nuestra Cultura.

Si logramos repensar y organizar nuevamente nuestro arte, podremos seguir haciendo teatro, 40, 50, 60… años más y no los escasos cuatro días que nos esperan después de que pase la pandemia.